crianza, Niños hospitalizados

UN CACHARRO MENOS, UN PASITO MAS

La semana pasada recibí una llamada mientras intentaba planificar una sorpresa que ya os contaré…

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En cuanto vi el número ya empecé a sospechar que esa llamada seguramente cambiaría todos mis planes.

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Y así fue “buenos días, ¿La mamá de Valentín Martínez?” “Tiene que venir el lunes en ayunas a la consulta del anestesista y de ahí al hospital de día para la intervención de retirada del port a cath”.

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Y a continuación me tocó llamar para cancelar citas, hablar con el trabajo, colegio, abuelos…

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Y ¿Qué es el port a cath? Pues como veis en las fotos, es un implante que permite el acceso a una vena central. Se pone y se quita en quirófano. Y evita riesgos a la hora de administrar quimioterapia, además de la molestia de los pinchazos para coger una vía periférica, sobretodo en niños.

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Cuando llego a la salida del colegio se lo cuento a Valentín, que se pone muy contento. El ya sabía que estaba en lista de espera, que se lo iban a quitar.

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Ya en casa más tranquilos empiezo a preparar el terreno para que pueda entender en qué consiste el procedimiento.

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¿Te acuerdas del quirófano? “No”. La última vez que entró tenía 2 años, ahora tiene 5 y lo único que recuerda son las historias que le contamos de los recuerdos ¿Ves este muñeco? Te lo regalaron en la unidad de reanimación, vamos, no les quedó más remedio porque no te querías separar de él 😅.

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Te cuento cómo va a ser la consulta. Vamos a ir al hospital de día, allí hay muchas camas, y habrá una preparada para ti, nos dirán que te quitemos la ropa y nos darán un pijama para ponerte, “¿Qué pijama?”, El de puntitos, ¿Te acuerdas del pijama de puntitos? Igual ahora ya te queda bien, antes siempre te quedaba grande 😅 (Ya empieza a poner cara de sigue contándome, pero me estoy poniendo nervioso).
Después te pesarán, y cuando te toque te llevarán a quirófano, ahí ya no nos dejan entrar a papá y mamá, te damos un beso en la puerta y nos quedamos esperando fuera, sin movernos del otro lado de la puerta.

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Sigue con caras de preocupación, ¿Hay algo que te preocupe? “Me preocupa que no me dejen quedarme el porta, para mí, de recuerdo”. Pues no te preocupes que se lo pedimos al cirujano. “¿Y qué es el cirujano?” Es el médico que te opera, el que te puso el porta, y el que te quitó el bulto.

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Durante los días que quedan hasta la operación, de vez en cuando pregunta “¿cuándo nos vamos a Madrid?”, el domingo cariño. Saca varias veces el tema, y siempre respondemos con sinceridad a sus preguntas.

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Y llegó el momento, nos levantamos y nos vamos al hospital, tranquilo, jugando a dormirnos en los túneles. En la consulta de anestesia nos toca esperar bastante, “tengo hambre, ¿por qué no me trajisteis nada de comer?” Vaya, se nos olvidó contarte que cuando entras a quirófano no puedes comer desde unas horas antes. “jo, ¿por qué no me llaman ya?” ya queda poco.

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Mientras esperamos vemos a otros niños que compartieron “aventuras” con Valentín. Mira, con esa niña coincidíamos mucho en tratamientos y cuando os tocaba ingresar, ¡Cómo ha crecido! ¿quieres ir a verla? “si, vamos” habéis cambiado los dos mucho desde entonces. Y la anestesista tambien nos conoce de algún TAC. Vamos viendo caras conocidas, el sabe que es un sitio de confianza, donde le han curado.

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Por fin nos ve la anestesista, nos falta una prueba, nos hacen dar unas pocas de vueltas, pero finalmente nos viene a buscar el cirujano, que ya nos toca, que no es necesario que nos hagan más pruebas, pues allá vamos, él manda. Hospital de día, nos asignan una cama y nos dan el pijama de puntitos, todo familiar, todo según habíamos hablado. Ya tiene que entrar a quirófano, le recordamos que no se olvide de pedirle al cirujano el porta, la enfermera nos escucha y le dice que no hay problema, que el cirujano se lo da, justo entra él, y se lo dicen, sin problema. ¡Vámonos! Le piden que se eche en la cama. Se echa, pero no acaba de apoyar la cabeza, nos mira no muy confiado. Échate cariño, estamos aquí. Nos despedimos en la puerta y se lo llevan. La puerta queda entreabierta y puedo observar como está sentado en la cama y habla con una chica, se va la chica y se tumba, en seguida vienen con  una camilla y le piden que se cambie de la cama a la camilla. El no me ve, pero quiero estar ahí por si me necesita. Sigue tranquilo, aunque no confiado del todo. Se lo llevan en la camilla.

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A los diez minutos sale de nuevo el cirujano, que por cuestión de instrumental tienen que sacar a Valentín para meter a otro niño en el quirófano que le habían asignado, ¡vaya hombre! Sale Valentín ¡Vaya broma te han gastado! Nos vamos de nuevo al hospital de día. Pues nada seguimos esperando. Seguimos hablando, vemos otra cara conocida, esta vez una enfermera de la unidad de REA. ¿Ves esa chica? Es una enfermera, cuando te operaron para quitar el bulto estuviste en REA, allí no nos dejaban estar contigo todo el tiempo, y le hiciste quitar los pendientes a esa chica para poder tocarle la oreja, jeje. Se acuerda y me pide tocar mi oreja. Está tumbado en la cama, está cansado, lleva muchas horas en ayunas, pero sigue de buen humor. Sobre las 13 horas, y esta vez ya sin bromas, le meten de nuevo en quirófano. Yo tenía miedo que al haber pasado ya una vez por la separación, salir, y volver, se pusiera nervioso, pero no fue así. Todo el personal fue muy amable con él, luego nos contaba que el cirujano le hacía cosquillas, los anestesistas tambien muy pendientes, explicándole a él primero y después a nosotros.

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En unos 20 minutos salió el cirujano, ya había terminado, todo había salido bien y nos traía el porta en un bote. A Valentín lo sacarían en breve para la sala de reanimación. Poco después ya salieron los anestesistas, ya se había despertado, y podía pasar a verle. Cuando entré estaba despierto, pero algo confuso, al verme se llevó la mano al pecho, al lugar donde debería estar el porta, ya no está lo tenemos fuera en un bote “¿me lo han dado?”, sí, cuando salgas te lo enseño. ¿Cómo te encuentras? “Bien”

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En seguida nos llevan de nuevo al hospital de día, se ha despertado muy bien, muy tranquilo, y de momento sin dolor. ¡Mira, tú porta! Cuando llegamos al hospital de día, un vecino de cama se está comiendo un yogur “¿Cuando me dan a mí un yogur?” Vamos a preguntar a las enfermeras. Tiene que esperar 30 minutos para beber agua, y en función de cómo le siente, ya el yogur. Ahora ya empieza a notar algo de dolor, le pedimos analgésico. Le proponemos leer un cuento de los que tienen allí, al principio no quiere, se enfada. No pasa nada, ¿quieres que te coja o prefieres estar tumbado? “tumbado”. Vale. Al poco rato ya quiere el cuento, se va tranquilizando, ya le han puesto el calmante. Incluso anima a otro niño que acaba de ingresar y no quiere la pulsera, jeje.

El agua y el yogur le sientan bien, y en poco tiempo nos dan el alta.

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Nos vamos a casa, encantado de tener “un cacharro” menos, feliz por haber podido quedárselo de recuerdo “Si no me lo dan, lo iba a echar mucho de menos…” Y feliz porque le hemos acompañado y siempre estamos ahí.

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